En un momento en el que la humanidad enfrenta múltiples desafíos y luchas, el Papa León XIV ofreció una llamada a la fe y la esperanza en la Basílica de San Pedro. Durante la celebración vespertina en honor a la Fiesta de la Virgen de Guadalupe, el Pontífice presidió la Santa Misa y elevó una súplica a la Madre de Dios, en un gesto que busca consolar y fortalecer a los creyentes.
En su homilía, el Papa subrayó la importancia del mensaje guadalupano en momentos como estos. La promesa central de la Virgen -“¿Acaso no estoy yo aquí que soy tu madre?”- es una voz que resuena con fuerza y certeza, una llamada a la fe que sostiene la vida incluso cuando se torna insoportable.
La Santa Misa fue un momento de oración y reflexión para los fieles reunidos en la Basílica de San Pedro. El Papa invocó el nombre de María, la Madre de Dios, y rogó por su intercesión en medio de “los conflictos y dolores de la actualidad”. En este sentido, la celebración vespertina no solo fue un homenaje a la Virgen, sino también una expresión de fe y esperanza en tiempos difíciles.
La fiesta guadalupana es una de las más importantes en el calendario católico. La tradición cuenta que la Virgen de Guadalupe se manifestó a Juan Diego en 1531, en lo que hoy es México, y que se le apareció en el cerro del Tepeyac con un manto negro rodeado de estrellas. La imagen de la Virgen de Guadalupe ha sido objeto de devoción y admiración por siglos, y su mensaje de amor y protección sigue siendo relevante hoy en día.
Para el Papa, la Fiesta de la Virgen de Guadalupe es un momento para recordar que la fe puede ser una fuerza poderosa en tiempos de crisis. “La fidelidad divina”, como la llamó, no solo sostiene la vida, sino también nos impulsa a actuar con amor y compasión hacia los demás.
En este sentido, la celebración vespertina fue un llamado a la acción, una invitación a que los creyentes se convirtieran en agentes de cambio en el mundo. “La fe no es solo una creencia”, dijo el Papa, “sino una fuerza que nos impulsa a actuar con amor y justicia”.
En medio de los conflictos y luchas que enfrenta la humanidad, la Fiesta de la Virgen de Guadalupe es un recordatorio de que la fe puede ser una fuente de consuelo y esperanza. La llamada del Papa a invocar el nombre de María y a rogarse por su intercesión en medio de los “dolores de la actualidad” es un mensaje claro y poderoso: la fe puede ayudarnos a encontrar la paz y la estabilidad en tiempos difíciles, siempre que nos acerquemos con humildad y confianza.








